sábado, 25 de junio de 2016

LOS PELIGROS DE UNA SOCIOLOGIA COMPROMETIDA

Por. Jairo Armando Jurado Estrada
Tomado de la Pagina Web Razon Publica.

Portada del libro Las FARC-EP (1950-2015) Luchas de ira y esperanza.

El trabajo de Miguel Ángel Beltrán ha sido reprobado por ser una sociología que no intenta mirar asépticamente su objeto de estudio sino comprometerse con él.  Polémica reseña de una obra polémica. 
Jairo Armando Jurado*

Las FARC-EP (1950-2015): Luchas de ira y esperanza
Miguel Ángel Beltrán
Bogotá, Ediciones Desde Abajo
2015

Un pensamiento rebelde


Con este título apareció en noviembre de 2015 el libro del sociólogo colombiano Miguel Ángel Beltrán Villegas, publicado por Ediciones Desde Abajo. Beltrán es uno de los pocos investigadores sociales que ha logrado despojarse de la pretendida “neutralidad valorativa” de buena parte de la academia colombiana y de los “violentólogos” y “pazólogos” dedicados al análisis del conflicto armado.

Mediante una investigación rigurosa de la realidad colombiana y latinoamericana, Beltrán logra restituir la complejidad y diversidad del análisis de la lucha armada, que parece haberse extraviado entre las visiones prejuiciadas y los temores no explícitos de una comunidad académica a la que le resulta más cómodo hacer eco de los discursos oficiales que tomar una distancia crítica frente a los mismos.
  

Esta es la razón principal para que Beltrán se encuentre detenido en la cárcel La Picota, en Bogotá, acusado de rebelión. Él es uno de esos intelectuales incomodos e indigeribles para un régimen político que, como el colombiano, ha convertido al máximo organismo del Ministerio Público, la Procuraduría General de la Nación, en un instrumento de inquisición y absolutismo.

Guerrilleros del Frente 36 de las FARC en Antioquia.

Guerrilleros del Frente 36 de las FARC en Antioquia.
Foto:  Facebook Delegación de Paz FARC-EP

Beltrán era docente de la Universidad Nacional. Pero cuando el procurador Ordoñez le formuló un pliego de cargos por su presunta responsabilidad en labores de “auspicio y colaboración” con la guerrilla de las FARC, fue destituido e inhabilitado durante 13 años para ejercer cualquier cargo público. A finales de 2014, el Tribunal Superior de Bogotá lo condenó en segunda instancia a 100 meses de prisión por el delito de rebelión.

Este profesor de Pensamiento Sociológico Latinoamericano es doctor en Estudios Latinoamericanos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y director del grupo de investigación América Latina: transformaciones, dinámicas políticas y pensamiento social de la Universidad Nacional de Colombia. Ha escrito varios libros y  entre ellos: Un decenio de agitación política: México, la Revolución cubana y el Movimiento de Liberación Nacional MLN (1958-1968); Colombia y América Latina: historias de disidencias y disidentes (2009); Perspectivas contemporáneas de las ciencias sociales (2011); Crónicas del “otro cambuche” (2011); y La vorágine del conflicto colombiano: una mirada desde las cárceles (2013).

Los discursos de la academia


Desde hace mucho se ha visto en Colombia el ocultamiento o la tergiversación de la historia. En el caso del conflicto armado, las versiones institucionales dominantes divulgan una serie de tesis canónicas sobre la guerrilla, cuyos postulados remiten a una condena moral, tácita o explícita, de la vía armada como forma de lucha política.

Él es uno de esos intelectuales incomodos e indigeribles para un régimen político.

Un gran número de estudios sobre el conflicto interno ha sido funcional a las políticas de seguridad del Estado, al inscribir el análisis del fenómeno guerrillero en el contexto de la lucha contra el “enemigo interno”, “el narcotráfico”, “el terrorismo” o “las bandas criminales”. Cualquier análisis que se aparte de este diagnóstico prescriptivo es visto con sospecha, rotulado como “no académico” y censurado por las comunidades científicas en nombre de una pretendida “objetividad”.


En contravía de esas interpretaciones, la investigación de Miguel Ángel Beltrán, Las FARC-EP (1950-2015): luchas de ira y esperanza es un libro antagónico con la sociología aséptica y desligada de los problemas reales del mundo. Esta obra pone en tela de juicio las tesis canónicas sobre la guerrilla y la estigmatización de las organizaciones insurgentes por parte de los relatos oficiales, y logra remover los principales obstáculos para estudiar la violencia política en Colombia: los esquemas conceptuales abstractos y las disquisiciones desarticuladas de procesos de investigación empírica.


Por eso en sus consideraciones sobre la “neutralidad valorativa” y el “teologismo histórico”, tan frecuentes en los paradigmas oficiales, el autor subraya la necesidad de no confundir la ciencia social con las maniobras ideológicas, a la vez que abre horizontes analíticos para abordar el tema de la lucha armada.


El trabajo de Beltrán acierta cuando dice que reducir el análisis de la lucha armada a sus “vacíos”, “errores” y “saldos negativos” para de allí inferir su “inutilidad” (como hace la narrativa oficial) es dejar de lado la riqueza y complejidad de los procesos históricos latinoamericanos.

Por eso pueden establecerse líneas de continuidad entre los movimientos armados de las décadas de 1960 y 1970 y el giro político que desde hace quince años se viene observando en distintos países de América Latina. No es entonces sostenible la línea divisoria que se ha querido trazar entre la lucha armada, los cambios democráticos y la construcción de un  renovado pensamiento de izquierda.

Sociología de las emociones


La preocupación principal de Beltrán es contestar dos preguntas: “¿Cuáles son las razones que expresan los guerrilleros (hombres) para explicar su ingreso a una organización como las FARC?; y ¿cuáles son los factores que explican la permanencia de estos jóvenes en las filas de dicha organización insurgente?”.


Estas preguntas surgen "de una insatisfacción frente a aquellos análisis que han pretendido explicar la longevidad de las FARC, gracias a sus “vínculos con el negocio de la coca” o a “actividades delictivas como el secuestro y la extorsión”; y por otro , de constatar cómo buena parte de los combatientes de este movimiento presos en las cárceles colombianas –a diferencia por ejemplo de miembros del paramilitarismo y de las fuerzas militares- han mantenido en sus prácticas y discursos una fuerte identidad con la organización no obstante que la intensa propaganda oficial sigue negando la existencia de prisioneros políticos, aduciendo que buena parte de ellos se han desmovilizado y dedicado a acciones criminales". 


Apoyado en relatos de vida y entrevistas a guerrilleros presos, así como en notas de campo tomadas en prisión, Beltrán plantea un debate interesante centrado en la tensión entre los supuestos de la teoría de la “elección racional” (que propusiera Ludwing von Mises, entre otros), los estudios sobre la lógica de la acción colectiva a partir de Mancur Oslon, y los nuevos estudios sobre la sociología de las emociones que propone Eduardo Bericat.

  • La teoría de la elección racional pretende explicar los fenómenos sociales como resultado de la interacción entre agentes que buscan maximizar sus pretensiones pero están  sujetos a restricciones de recursos. En este sentido, la participación de un individuo en un movimiento social o en una organización político-militar como las FARC, estaría sujeta a una lógica de costo-beneficio.
  • Por su parte, los estudios sobre acción colectiva señalan las limitaciones de la teoría de la elección racional, porque la participación de un individuo en un movimiento social o en un movimiento armado que busca bienes colectivos exige riesgos, sacrificios y privaciones. Por eso algunos autores explican la participación o colaboración con un grupo armado que persigue mejoras para la sociedad como frutos de la búsqueda de prestigio y bienestar psicológico.  
  • Pero sin negar que las teorías anteriores ayuden a comprender las movilizaciones sociales, nuevas líneas de investigación han recuperado el papel que aquí juegan también las emociones. Esta sociología de las emociones llama la atención sobre el aspecto cognitivo-intencional, según el cual las emociones sirven para orientarnos en el mundo al motivar nuestras acciones y al inspirar nuestros actos cognoscitivos.

Las emociones por tanto constituyen una variable explicativa muy importante para Beltrán en su modo de abordar el objeto de estudio (las FARC). Pero el autor también incorpora marcos interpretativos como los de las orientaciones culturales, la identidad colectiva, la microhistoria, la historia social marxista, la sociología histórica y los estudios subalternos.

Esta obra pone en tela de juicio las tesis canónicas sobre la guerrilla.

Como resultado de este debate y del marco interpretativo propuesto, Beltrán logra superar los reduccionismos explicativos para esclarecer las razones de la longevidad de una organización guerrillera como las FARC, que ha sido insuperable en su cohesión política, militar y organizativa.

Pensamiento crítico

Guerrilleros de las FARC en formación.

Guerrilleros de las FARC en formación.
Foto: Facebook Delegación de Paz FARC-EP

El ejercicio de su pensamiento crítico le ha costado a Miguel Ángel Beltrán su libertad y su carrera como docente de la Universidad Nacional.
A diferencia de los burócratas/investigadores que, obligados por la competencia mercantil y por la presión de las autoridades académicas de las universidades, se preocupan por publicar en revistas indexadas para mejorar su salario, Beltrán se ha atrevido a hablar claro sobre las razones históricas y estructurales del conflicto armando.


Y lo ha hecho con un respaldo riguroso de fuentes documentales. Ha logrado conjugar dimensiones históricas estructurales y subjetivas mediante una cronología política de los hechos protagonizados por las FARC, al tiempo que ha polemizado con diferentes perspectivas teóricas y políticas para develar falsos dilemas sobre la lucha armada.


Por eso cabe, para finalizar, recordar las palabras del dramaturgo español Alfonso Sastre: “Evidentemente hay algo que me aleja de la zona en que se mueven los intelectuales y los artistas “bienpensantes”, y es de mi diferenciación radical entre las violencias de Estado y las que ejercen –subversión, sedición, revuelta, revolución armada […] - los condenados de la tierra. ¡Yo no veo bien condenar a los condenados!”.

 

* Economista y docente universitario.