viernes, 7 de diciembre de 2012

SANTOS HACE PARTE DE LA APÁTRIDA BURGUESÍA COLOMBIANA.07 Diciembre 2012

Por: Nelson Lombana Silva.- PaCoCol 
(Ibagué, diciembre 7 de 2012) La reacción del presidente de la república Juan Manuel Santos Calderón por el fallo de la Corte Internacional de Justicia, CIJ, que le quitó a Colombia 75 mil millas de mar territorial, no puede producir más que hilaridad y bien podría decirse que son simples lágrimas de cocodrilo. ¿Cuál dolor de patria? Más bien resulta decir: “Dolor de reelección presidencial”. Eso es lo que siente el presidente Santos, lo demás no le importa un higo.
Santos hace parte de la apátrida burguesía colombiana; esa que entregó a Panamá por 25 mil dólares, esa que dejó perder territorio por los lados de Perú y el mismo Brasil. La misma que no mueve un dedo contra las 13 bases norteamericanas y por el contrario se hinca de rodillas ante los Estados Unidos. La misma que guardó pusilánime silencio ante la brutal masacre de las bananeras para defender el gran capital internacional de United Fruit Company.  Santos hace parte de esa mezquina oligarquía que sin sonrojarse entregó la soberanía nacional y la soberanía alimentaria a las multinacionales y transnacionales a través del denominado Tratado de Libre Comercio, TLC.

 El presidente Santos es hijo de esa pútrida camarilla que se confabuló con la CIA para asesinar a hombres egregios como Jorge Eliécer Gaitán, el general Rafael Uribe Uribe y tantos prohombres que la verdadera historia recuerda con dolor y con horror.

 De esa entraña es el presidente de la república, que ante los medios tartamudeando, aparenta sentir dolor de patria por la pérdida de esa gran franja de mar, pero que en realidad su preocupación extrema es la embolatada reelección presidencial, vuelvo y digo.

 ¿Qué ha hecho la burguesía por esas comunidades adyacentes a esta zona como San Andrés, Providencia y otras? La pobreza en San Andrés es alarmante y la única respuesta gubernamental es la militarización. ¡Qué horror!

 Santos es además, un presidente que no tiene palabra, con mucha facilidad cambia de parecer sin importar lo más sagrado de nuestros abuelos como era la palabra empeñada. Esa palabra empeñada valida más que miles de documentos firmados y con testigos. Para la muestra un botón: Dijo que respetaría el fallo, ahora dice que no. Santos es un tahúr pero un mal perdedor.

 El pueblo tiene que asumir una postura internacionalista. Debe saber que el obrero no tiene patria. Por eso resulta coherente la reflexión de Gustavo Petro, alcalde mayor de Bogotá, cuando afirmaba que  de qué se lamentaba el gobierno si todos los días está entregando la soberanía nacional. Es como una doble moral, solo para engañar incautos y analfabetos políticos.

 El pensamiento de Bolívar retumba por el Caribe afirmando que la patria es América desde Méjico hasta Cabo de Hornos. Las fronteras son barreras que no deben dividir a los pueblos. Por el contrario, los debe hermanar. Acercar.

 Sentimos nuestro territorio, pero sentimos con más fuerza la presencia viva de nuestros pueblos. Marx lo dijo de todo corazón: “Obreros de todos los países, unidos”. Que nada nos desuna, que todo nos una, porque el enemigo común es el sistema capitalista y sus gobernantes entreguistas e intrascendentes de la talla de Santos y su combo gobernante. “El gobierno tiene la metralla homicida para los colombianos y una temblorosa rodilla en tierra ante el oro americano”, lo dijo también sin rodeos el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán. ¿Quién podría decir lo contrario?