viernes, 20 de julio de 2012

MOVILIZACION FRENTE A LA EMBAJADA DEL PERU EN BRUSELAS-BELGICA

http://nolascopresiga.blogspot.be/
Productor y Editor del video: Pedro Nolasco Présiga.
Corresponsal del semanario Voz en Bruselas-Bélgica-
Colaborador de la Agencia Bolivariana de Prensa-ABP-

► INTAL Y OTRAS ORGANIZACIONES DE APOYO Y SOLIDARIDAD CONVOCARON A UNA MOVILIZACION EL DIA 20 DE JULIO DE 2012 FRENTE A LA EMBAJADA DEL PERU EN BRUSELAS-BELGICA PARA PROTESTAR CONTRA EL PROYECTO MEGAMINERO CONGA, QUE EL GOBIERNO DE OLLANTA HUMALA ENTREGARA EN CONCESIÓN A LA TRANSNACIONAL NEWMONT MINING CORPORATION EN LA REGION DE CAJAMARCA PERU.

jueves, 19 de julio de 2012

COYUNTURA.LA RESISTENCIA DE LAS COMUNIDADES INDIGENAS


El Cauca desnuda el cansancio con la guerra



Lo que está haciendo la resistencia del Cauca es, precisamente, decirles a las élites plutocráticas del país: Señores, es hora de acabar la guerra, es hora de reconocer que la única solución es el diálogo, la negociación política del conflicto armado y social que afrontamos desde hace más de medio siglo.

Por Luis Alfonso Mena S. (*)
Los nostálgicos del uribismo y el Gobierno santista tratan ahora de desacreditar la lucha de los pueblos indígenas del Cauca, que no quieren más guerra en sus territorios.

Como siempre ha ocurrido, los portavoces de las élites engominadas y estancadas en la historia, al notar que los indígenas no ceden en su decisión pacifista expresada desde la semana anterior, contraatacan con calificativos de toda índole.

Este martes 17 de julio han salido a flote la reacción del Gobierno, ante el ultimátum dado por los indígenas, y los señalamientos de siempre: los tildan de terroristas, de  narcotraficantes… Y, además, amenazan con la cárcel.

La palabra judicialización empieza a generalizarse en los pronunciamientos de militares, ministros y, claro, cómo no, en los medios de comunicación, finalmente siempre afines al bloque de élites en el poder.

Se niegan a reconocer que lo que se vive en el Cauca es la resistencia de unas comunidades que se cansaron de que en medio de sus casas sean instalados cuarteles y de que sus parcelas sean ocupadas sin permiso para abrir trincheras.

Las comunidades indígenas reclaman la paz y lo que han hecho los gobiernos colombianos a lo largo de la historia es violarles este derecho.

Hace cuatro años, Álvaro Uribe las maltrató en un masivo encuentro realizado en el Paseo Bolívar de Cali y, luego, en La María, y se fue con su autoritarismo sin reconocer los reclamos de los pueblos ancestrales.

Algo parecido ocurrió el jueves 12 de julio pasado con Juan Manuel Santos en Toribío, a donde fue a hacer la pantomima de un consejo de ministros que pudo haber realizado en Bogotá, pues aunque estaba entre las comunidades afectadas, no escuchó a nadie.

Lo que está ocurriendo en el norte del Cauca es la demostración de cuán mentirosa era la propaganda de Álvaro Uribe, quien se la pasó propalando que la insurgencia estaba derrotada.

La confrontación no se saldó durante los ocho años de Uribe y se ha exacerbado en el mandato de Santos, por múltiples circunstancias, entre ellas sus innegables raíces objetivas.

En consecuencia, la salida al conflicto irresoluto no es la prolongación de la guerra, sino la solución política, que incluye, ineluctablemente, transformaciones sociales y económicas de fondo en beneficio de la mayoría del pueblo colombiano.

Pero eso es lo que se niega a entender la oligarquía del país, que prefiere apostarle a más guerra, con la creencia sin sustento histórico de que algún día logrará la rendición de los alzados.

Y mientras tanto, más muertos, más sangre, más miseria.

Lo que está haciendo la resistencia del Cauca es, precisamente, decirles a las élites plutocráticas del país: Señores, es hora de acabar la guerra, es hora de reconocer que la única solución es la negociación política del conflicto armado y social que afrontamos desde hace más de medio siglo.

(*) Director de PARÉNTESIS, de Cali, Colombia.

(www.parentesiscali.blogspot.com).

Juntemos todas las voces y todas las rebeldías




Nuestro saludo solidario y nuestro aplauso a tod@s l@s invitad@s, delegad@s y asistentes. Un saludo especial al camarada Álvaro Vásquez, constructor toda una vida de este partido quien con su acompañamiento nos alienta a seguir el rumbo correcto de la unidad y la convergencia.

Hemos llegado a la culminación de los eventos preparatorios del 21 Congreso del PCC. Este Partido tiene 82 años de existencia continua en la vida colombiana. Es parte de la cultura y de la rebeldía del pueblo y de la intelectualidad.

En el Catatumbo, en Arauca, en el Putumayo, en el Cauca, está descrito el mapa de la guerra contrainsurgente. Es la guerra para perpetuar una dominación que pretende adaptar la sociedad colombiana al apetito insaciable de la acumulación transnacional de capital. Lo ha logrado, pero solo en parte. No lo puede del todo porque hay resistencias sociales rebeldes, una oposición democrática, lucha y dinámica populares.

El gran error de Álvaro Uribe y de Juan Manuel Santos es el de empequeñecer, minimizar y subestimar esas resistencias. Al entrar el mundo y Colombia en las ondas expansivas de la crisis capitalista y de civilización, están creciendo las turbulencias en cuyo contexto, por muy chicas que sean o estén siendo las resistencias y pocas las oportunidades de avance, los trabajadores, el pueblo, las gentes del común pueden alcanzar logros importantes si se unen en un rumbo democrático, de soberanía, de reivindicación social hacia una sociedad sin desigualdades.

Una sociedad contrahecha.

La falsa democracia colombiana es el espejo de una sociedad contrahecha:


• Más de cinco millones de desplazados como refugiados internos.
• Más de 57 mil desaparecidos, según cifras del Ministerio del Interior.
• Entre 7 y 10 millones de hectáreas de tierra arrebatadas a los campesinos.
• Más de 4 mil militantes de la Unión Patriótica y el Partido Comunista, más de 3 mil sindicalistas y una interminable lista de dirigentes políticos, populares y sociales asesinados, desaparecidos o expulsados de sus lugares de origen.
• 20 mil jóvenes combatientes, entre guerrilleros y soldados, muertos en la guerra bajo las llamadas “seguridad” y “prosperidad” democráticas (2002 – 2012).
• 23.8 billones de pesos para seguridad y defensa en 2012, es decir, para la guerra, que hacen de Colombia el país que destina el más alto porcentaje del PIB para gasto militar en América Latina.
• El desempleo más alto del hemisferio americano.
• La mayor desigualdad en la distribución del ingreso de América Latina y una de las más altas del mundo.
• Una de las concentraciones de propiedad de la tierra más altas del mundo, con un Coeficiente de Gini de 0.87.
• Uno de los niveles de pobreza y miseria más altos del Continente.
• Nuestros dos mares, sus puertos y las bases militares que deberían estar al servicio de la soberanía son puntos de atraque de la IV Flota naval de Estados Unidos o están siendo arrendadas al Comando sur

Una “democracia” con guerra interior, que se reproduce mediante la guerra del Estado en alianza militar estratégica con una potencia extraña; una “democracia” que reproduce las condiciones de la guerra y pretende eternizarse aplastando las resistencias; tal es la falsa democracia colombiana.

Esta realidad contrahecha, esta realidad anómala, tiene que convivir en el continente con procesos que están tomando rumbos muy diferentes. Venezuela bolivariana, Ecuador de la revolución ciudadana, Bolivia y la recuperación de sus riquezas, Nicaragua, Salvador, Brasil, Argentina, Uruguay, quién más quien menos, han abierto el capítulo de las búsquedas. Es también reafirmar nuestro deber de defender a Cuba, su soberanía, sus héroes injustamente presos en cárceles del imperio, su decisión de cambios y ajustes a su modelo social. En contraste, Colombia parece anclada en un mundo del pasado. Las clases dominantes añoran una integración aún más orgánica, cuasi colonial en el imperialismo.

La crisis de la guerra.

Los hechos del Cauca están mostrando la crueldad de la guerra en medio de la crisis social largamente acumulada y las nuevas condiciones subjetivas, forjadas por la resistencia indígena, campesina y popular. La  crisis del Cauca está siendo tratada con la lógica de clase de la oligarquía gobernante, esto es, una lógica violenta, militarista, para la que los problemas sociales, culturales y políticos no se solucionan sino se suprimen por la fuerza de las armas. En el Cauca el Estado colombiano está violando todos sus compromisos con los Acuerdos de Ginebra sobre Derecho Internacional Humanitario, DIH, que son mandato constitucional actualmente vigente.

Un saludo especial al compañero José Domingo Caldón, dirigente indígena del Cauca aquí presente, a quien expresamos un reconocimiento solidario.

La política contrainsurgente del Estado está adquiriendo la forma de una guerra contra la población civil. Lo que las gentes están reclamando mediante la movilización y la protesta de masas es la desmilitarización de los territorios y de las regiones, junto con el desmonte de poder militar impuesto por el Plan de Consolidación. El ejército está siendo humillado por su propio pueblo porque no está defendiendo ni la soberanía ni la vida ni la integridad física de los ciudadanos sino comportándose como una fuerza de ocupación extraña en su propio país. Es la crisis de la guerra como política pública del Estado, financiada con nuestros impuestos y ejecutada por personal militar que empieza a entender que esa guerra no tiene futuro. El sargento García llora porque se siente humillado y maltratado. Hay que hacer un llamado a la consciencia de esos soldados y suboficiales que no han disparado, igual que a la oficialidad joven, para decirles: también ustedes deben contribuir a la paz, también deben ayudar a que esta guerra termine y una salida política sea posible.

El tema de la paz en el corazón de la política.

Decimos que el tema de la paz se coloca en el centro de la vida política del país. Santos pareciera entenderlo, pero obra con auténtico espíritu uribista. De hecho concilia de continuo con el uribismo parlamentario bajo la presión de la ultraderecha, que tiene un vasto predominio en todos los poderes del Estado. En ese juego, el acto legislativo del Marco jurídico para la paz abre algunas rendijas, como lo resaltó la bancada del PDA al votarlo positivamente. Pero  requiere de una ley estatutaria, es decir, de otra medición de fuerzas.

Nuevos capítulos de la crisis política, con opción de madurar en crisis nacional, están al acecho. La ultraderecha fascista alienta los crímenes contra quienes reclaman la restitución de sus tierras. El llamado ejército anti restitución es otra máscara del narcoparamilitarismo y de los terratenientes. Algo análogo puede decirse del nuevo reagrupamiento uribista, denominado Puro Centro.

Una propuesta para la izquierda.

La opción de la izquierda y nuestra propuesta es avanzar a un frente amplio de fuerzas, movimientos, procesos y partidos dispuestos a trabajar unitariamente en la nueva situación política que se está abriendo paso. Lo esencial son las convergencias programáticas. El Polo tiene una muy importante en su Ideario de Unidad. La Marcha patriótica igualmente en su programa. Así mismo los mandatos del Congreso de los pueblos o los puntos largamente trabajados por la Coordinación nacional de movimientos sociales y políticos. La juventud estudiantil agrupada unitariamente en la Mane debe sumar su entusiasmo y creatividad movilizadora.

Pero esas convergencias deben llevar a la acción común, desde las distintas ópticas y experiencias. El Polo puede aportar su valerosa y consecuente acción parlamentaria. Los otros procesos pueden llegar sus experiencias de movilización, de organización y de métodos de trabajo. Hay que examinar con espíritu despejado, sin tantas prevenciones, con sentido verdaderamente unitario, las iniciativas y la dinámica del actuar en común, sin violentar las opiniones de otros, sin pretender imponer a otros la propia óptica. Identificar lo que une. Identificar lo que no une, pero agendarlo aparte. Esforzarse por las coincidencias dinámicas.
Construir nuevas vías y formas de confianza política, para derrotar las desconfianzas y los sectarismos, de los que tendremos definitivamente que separarnos.

Algo como un gran evento por la paz, como han propuesto Colombian@s por la Paz, Congreso de los pueblos  y Marcha Patriótica, podemos en común poner en camino. Acciones contra la ley 100 y por un sistema humano de salud, como sugieren Comosoc y otras organizaciones sindicales y trabajadores de la salud. Acciones  frente a los megaproyecto de la locomotora agro minera o el rechazo a los impactos nefastos del TLC con Estados Unidos entre productores y cultivadores colombianos. El apoyo a las tareas del estudiantado y el magisterio en defensa de la educación pública de amplia cobertura, de calidad y gratuita, como lo estableció para la secundaria el gobierno del Polo en Bogotá en el que tuvo destacado papel la compañera Clara López, como secretaria de gobierno y alcaldesa designada.

La coyuntura residencial de 2014.

En este panorama las elecciones presidenciales de 2014 cobran importancia. Si la derecha reeleccionista de Santos y la ultra derecha de Uribe se distancian, como aparenta ser, la izquierda debe actuar con decisión y promover la iniciativa de un programa comprometido con la paz democrática y el cambio de rumbo del país, como base para la escogencia de una candidatura única a la presidencia.

En todos estos campos hipotéticos, el PCC se guía por su concepción de la unidad, sin ver ni inventar enemigos a la izquierda, con el compromiso de la lucha social y la creación de escenarios donde todas las vertientes, cada vez más enriquecidas de la izquierda, aporten sus acumulados. El PDA, como fuerza política de la oposición al régimen tiene el mayor compromiso. El PCC es parte fundacional del PDA como proceso unitario donde es posible cooperar en unidad sin que nadie sea obligado a renunciar ni a sus convicciones ni a sus acumulados. Igualmente concebimos la necesidad de hallar caminos para ensanchar las autopistas unitarias, con la apertura, la iniciativa y la consecuencia necesaria para que avance el objetivo estratégico de toda visión unitaria: la unidad del pueblo.

VIVA EL PARTIDO COMUNISTA COLOMBIANO
VIVA LA JUVENTUD COMUNISTA COLOMBIANA
VIVA LA UNIDAD DEL PUEBLO COLOMBIANO

Bogotá, julio 18 de 2012

Pregunta Yamid :GIOVANI YULE VOCERO CONSEJO REGIONAL INDÍGENA DEL CAUCA

La comuna de Toribío, Cauca

por: Horacio Duque Giraldo
Rebelión

En Toribio, Cauca, y en los otros municipios del norte de este departamento, como Miranda, Jambaló, Corinto, Suarez, Santander de Quilichao, donde viven más de 200 mil indígenas nasas, paeces y guambianos, pertenecientes a la civilización Chibcha, predominante en la Sábana de Bogota hasta bien entrado el siglo XVII, luego del feroz exterminio de los conquistadores españoles, ha ocurrido un hecho socio-político extraordinario para los cambios estructurales de esta nación. Se ha configurado, en un área de 570 hectáreas, un Poder Popular Indígena, una Comunalidad amerindia que quiere vivir en paz, que reivindica la justicia social, que demanda la vigencia de los derechos humanos, que exige la negociación política del conflicto. Es un poder democrático que contrasta el poder oligárquico de las camarillas dominantes en el Estado central. Un Poder organizado para desarrollar los conceptos de territorio, unidad, cultura, autonomía, resistencia, justicia y moral.

Una potente revuelta indígena ocurrida a lo largo de las últimas semana se ha expresado políticamente con formas propias de gobierno, para proyectar soluciones a sus más difíciles angustias, luego de 500 años de asesinatos, crímenes, despojos, exterminios y de guerra biopolítica contra las masas autóctonas, realizada conjuntamente por la corona española y sus conquistadores (Francisco Pizarro, Jorge Robledo), prolongada hasta el día de hoy por una minoría oligárquica, con los apellidos de los viejos encomenderos (Holguines, Caros, Mosqueras, Lloredas, Caycedos, Iragorris, Lemos, Hormazas, Cogollos). Allí casi toda la vida colonial, con violencia exterminadora de los indígenas desde la conquista española, sigue intacta, como si la famosa independencia liberal de 1810 no se hubiese dado. Las élites locales con auditores, encomenderos, hacendados y latifundistas e inquisidores clericales y ultramontanos, siguen muy campantes por Popayan. La caucana es una sociedad inmovil y cerrada como hace 400 años. Una radiografía de las familias Mosquera y Chaux e Iragorri, nos arrojaría un vivo retrato de esta estructura social obsoleta.

Por supuesto, lo que ocurre en dicho territorio no es una excepción en el concierto nacional. En otros lugares de Colombia hay nuevos focos de creciente inconformidad. Hay un clima socio-político de levantamiento popular, que organizaciones sociales quieren coordinar para propiciar un paro cívico/político, una huelga política de masas que desmantele un Estado en descomposición y degradado.

La Comuna de Toribio, organizada por la comunidad amerindia con su Guardia e instituciones comunales no ha caído del cielo ni es una ganga de expertos mercachifles. Es la expresión del alto nivel de conciencia alcanzado por la población como respuesta a la crisis de una sociedad arruinada. Es la reacción de la población contra el militarismo violento del gobierno del señor Santos y sus patrocinadores del Departamento de Defensa gringo, el financiador de esta guerra contra el pueblo cáucano, como parte de su Plan para mantener el control y robo de los recursos naturales, mineros y estratégicos de territorio, con importantes mega proyectos en este territorio de gran importancia geoestratégica para la unidad nacional.

En el Cerro Las Torres de Toribio, los nasas han izado una bandera, símbolo del CRIC y de la Minga, emblema del poder amerindio.
El Cauca, territorio ancestral de indígenas y afrodescendientes, es una región con profunda crisis causada por el abandono absoluto y por el dominio de una vieja aristocracia que vive de la renta de la tierra mediante la más aberrante explotación de la fuerza laboral. En la región existen problemas más hondos que son emblemáticos de las raíces de la guerra: la pobreza en que vive la mayoría de sus habitantes, la desigualdad rampante, la falta de educación, de salud, de vivienda. En el Cauca se encuentran todos los elementos de la guerra civil colombiana: necesidad de la reforma agraria, iniquidad, miseria, discriminación racial, concentración de la riqueza, neoparamilitarismo, corrupción politica y militarismo. Es uno de los departamentos más pobres. De sus 43 municipios, 33 tienen más del 50% de su población con Necesidades Básicas Insatisfechas-NBI. Según estadísticas recientes, dicha zona y su Capital, Popayan, tiene los mayores porcentajes de población en situación de pobreza extrema. Cáuca tiene el peor indice GINI del país (lo que significa la peor desigualdad social), después del Choco, la Guajira y Huila. Allí ha fracasado el Estado oligárquico-burocrático y sus mediocres políticos. En el Cáuca permanecen, con vocación de eternidad, estructuras coloniales como el latifundio y sus feroces terratenientes de guardia pretoriana paramilitar.

En el Cauca tenemos la demostración rotunda del fracaso del Estado burgués y mafioso colombiano, que es el foco real de la violencia reaccionaria que desangra la nación por todo el territorio. El colapso de las anacrónicas instituciones de subordinación, encabezadas por unas camarillas sociales y políticas que siguen viviendo como en la época colonial, es total. Temistocles Ortega (actual Gobernador), un oscuro representante de la burguesía burocrática/judicial depredadora; los senadores Jose Dario Salazar, una mediocre y macartista ficha uribista; Aurelio Iragorri, la cabal expresión de la arrogancia latifundista e intermediadora, con su hijo enclavado en la Presidencia; Juan Jose Chaux encarcelado por narcoparamilitarismo; Jesús Ignacio Garcia, el artífice de los micos en la reforma a la justicia, son los nombres más sobresalientes de esta camada de aristócratas perfumados que se festinan el infortunio de los pobres. Los gamonales políticos son aristócratas feudales pintorescos con mucha influencia en la Presidencia del señor Santos; ellos hacen su politiquería sobre la base de excluir, despojar y estigmatizar la población indígena, campesina y afro, para lo cual incluyen el narcoparamilitarismo en su accionar político. Entre todos estos politiqueros lograron que esta forma de hacer política pasara de un gamonalismo regional a directriz política nacional durante el gobierno de Uribe Velez.

En el Cauca, como en el Catatumbo, en La Macarena-San Vicente del Caguán, en los Montes de María, en Tumaco, en el Paramillo, en La Cordillera Central, en el Oriente de Caldas y en el Putumayo, las viejas épocas oligárquicas no desaparecen y mutan hacia el fascismo uribista: Todas las heridas hechas a los indígenas, a los trabajadores, a los campesinos, a los pobres, todavía hoy siguen siendo las guerras biopolítica contra los pobres, en las cuales se utiliza toda la parafernalia bélica norteamericana financiada por el Plan Colombia y el Departamento de Defensa.

Guerra biopolítica materializada en la actualidad en los planes bélicos de Santos, cuyo gobierno sigue utilizando la estrategia militar intensa financiada por el imperialismo norteamericano, para aniquilar la resistencia indígena. Desde febrero hay allí una nueva y renovada ofensiva militar y neoparamilitar, ya que el Cáuca es una de las 10 áreas donde se concentran los planes guerreristas de los poderes bogotanos, a cargo de una Fuerza de Tarea conjunta denominada Apolo y coordinada por 600 mercenarios yanquis apoltronados en el Ministerio de Defensa, en el marco de la llamada "Operación Espada de Honor", que persigue objetivos militares de Alto Valor Estratégico, para destruir la resistencia guerrillera a la que se pretende hechar la culpa por todo lo que sucede cuando los reales causantes de esto ya estan plenamente identificados.

Por el contrario, es gracias a las ideas socialistas/revolucionarias, a las propuestas comunistas del silgo XXI, a los postulados progresistas de reforma agraria, a la defensa de los derechos humanos y de las libertades políticas, que se ha fortalecido la conciencia y organización revolucionarias de los indigenas y campesinos caucanos para que pudiesen llegar a los grados de organización y rebeldía que presentan hoy.

El Plan Cauca por 500 mil millones de pesos (281 millones de dólares), para proyectos agrícolas e infraestructura, anunciado a última hora por el señor Santos, con su ideología desueta y discurso trasnochado de la Tercera Vía, es otra salida demagógica para pasar el chaparron noticioso. Estas platas se las festinaran de nuevo sus amigotes del Senado ya señalados mas arriba, en las eficaces cadenas del clientelismo y la corrupción.

Estimulante la presencia del Poder Popular Indígena en el Norte del Cáuca. Llena de energía al resto del movimiento popular colombiano. Vano el propósito de leguleyos que lo quieren desconocer con argumentos y rabuladas como las esbozadas por Córdoba Triviño y Carlos Gustavo Arrieta, lo sustanciadores del gamonalato patojo.

Los nasa, paeces y guambianos son dignos herederos de la Cacica Gaitana y de Quintín Lame que en su tiempo fueron ejemplo de rebeldía y dignidad.

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=153069&titular=la-comuna-de-torib%EDo-cauca- 

Intervención de la senadora Gloria Inés Ramirez sobre restitución de tierras



Audiencia pública restitución de tierras: disyuntivas entre la norma y la realidad

Bogotá, Colombia, 18 de julio de 2012

En primer lugar quiero presentar mi saludo de reconocimiento y solidaridad a las organizaciones que integran la “Campaña Nacional e Internacional: Tierra, Vida y Dignidad” que han convocado esta jornada de reflexión, denuncia y fortalecimiento del Movimiento de Personas en situación de Desplazamiento Forzado en Colombia.

En tercer lugar quiero referirme a una de las causas estructurantes del conflicto social y armado que padece el país por más de 5 décadas, que como ha sido analizado suficientemente por académicos e investigadores, se ha centrado especialmente en la propiedad de la tierra, cuya tenencia y posesión ha sido disputada por diferentes actores desde los orígenes de la nacionalidad.

Aunque las estimaciones varían, la magnitud de la crisis de la tierra en Colombia, es claramente enorme. En 2011 por ejemplo, CODHES estableció que entre los años 1980 y 2010, 6.6 millones de hectáreas de tierra fueron abandonadas o usurpadas; en tanto que Acción Social, como organismo gubernamental la estima en 6.8 millones de hectáreas, mientras el MOVICE sitúa esta cifra en aproximadamente 10 millones de hectáreas, de donde se puede concluir que la cantidad de tierra despojada, se constituye en un factor evidente de la profundidad de la crisis humanitaria que ha dado lugar a la existencia de 4.5 millones de desplazados internos, que hacen de Colombia el país con mayor número de personas desplazadas del mundo, después de Sudán, Irak y Afganistán.

Igualmente no debemos perder de vista, que con anterioridad a la crisis de desplazamiento masivo de los últimos 40 años, la propiedad de la tierra estaba altamente concentrada, razón por la cual en Colombia se levantó con mucha fuerza, la urgente necesidad de realizar una Reforma Agraria, que en los años 60 es reivindicada por el Movimiento Agrario que dio lugar al surgimiento de la insurgencia, ante los efectos devastadores de la violencia promovida por los terratenientes en los años 50, que hoy recupera su validez y vigencia, frente a la contrarreforma de facto que se ha impuesto al agro colombiano.

Como ha sido reportado por Francis Deng , el desplazamiento no sucedió únicamente por razones de orden público, sino que también fue utilizado como herramienta para la “adquisición de tierras” con la finalidad de realizar megaproyectos de extracción de minerales, de agroindustria a gran escala y de infraestructura, especialmente en determinadas regiones del país, como la región Pacífica, donde el gobierno norteamericano tenía proyectado el Plan “Puebla Panamá” y la propuesta de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA)

En desarrollo de esta contrarreforma, Castaño declaró en alguna oportunidad: “En Urabá tenemos cultivos de palma. Yo mismo conseguí los empresarios para invertir en esos proyectos” . El líder paramilitar hacía referencia a los territorios de propiedad colectiva de Curvaradó y Jiguamiandó, donde 29,000 hectáreas fueron robadas a las comunidades afrocolombianas, de las cuales 7,000 fueron plantadas ilegalmente con palmas africanas de aceite.

Así, el cultivo de palma fue una de las estrategias económicas promovidas por los paramilitares y utilizadas para el control territorial. Según Castaño, comandantes paramilitares “formaron alianzas” y aconsejaron a muchos políticos y también tuvieron a sus “amigos” ubicados dentro de las empresas. Este modelo de complicidad entre paramilitares, políticos e intereses empresariales se ha repetido en otras áreas del país.

Este hecho ha sido verificado por la Fiscalía General de la Nación, cuando luego de varias investigaciones, en el año 2011 acusó formalmente a 15 compañías de palma y ganaderos de esta región, de participar activamente con los paramilitares en el desplazamiento forzado y violento de las comunidades afrocolombianas de Jiguamiandó y Curvaradó, con la finalidad de apropiarse de sus tierras para el cultivo de palma. En suma, esta es la realidad que pesa sobre la viabilidad y aplicación de la Ley de Victimas y Restitución de Tierras, como medida de reparación del inmenso daño causado al tejido social de la nación.

Por esta razón, considero pertinente el propósito de esta audiencia, de establecer la disyuntiva entre la realidad y la normativa vigente sobre protección de los derechos de las víctimas del desplazamiento forzado en Colombia, por cuanto de acuerdo a los postulados consagrados en la Constitución y en la ley, el Estado debe garantizar los derechos de propiedad sobre la tierra y el territorio a las comunidades originarias  de la nacionalidad, como un derecho vital y consustancial a su dignidad humana; pero parecería que los derechos de estas comunidades son derechos “incómodos” y las leyes que se promulgaron para protegerlos, son igualmente incómodas a los grandes intereses económicos de quienes han expropiado sus tierras, no quedando claro si el gobierno está actuando “como árbitro o cómo parte interesada” en la implementación de los grandes proyectos de extracción, que sin lugar a dudas, se han constituido en un factor de crecimiento del desplazamiento forzado en Colombia.

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Representante del Secretario General de las Naciones Unidas sobre los Desplazados Internos.
La Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana - IIRSA - consiste en la participación de la inversión privada en los sectores de energía, telecomunicaciones y transporte por ferrocarril y carretera, para lo que los países deberían adoptar una legislación que facilite la interconexión y el funcionamiento integral de la energía, el transporte y los sistemas de comunicaciones. La IIRSA tiene 41 proyectos de infraestructura en Colombia.
“Habla Vicente Castaño”, Revista Semana, N° 1.025, 5 de junio de 2005.
Declaración de la Experta Independiente de las Naciones Unidas sobre Cuestiones de las Minorías, Señora Gay McDougall. Conclusiones Preliminares de su visita oficial a Colombia, 1º al 12 de febrero de 2010, pág. 5.

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Esto se evidencia en el contenido y alcance del Plan Nacional de Desarrollo del gobierno colombiano, que bajo la presidencia de Uribe Vélez, puso fuerte énfasis en los proyectos extractivos a gran escala a favor de las multinacionales, a través de concesiones mineras, que el gobierno del Presidente Santos las tiene como una de las locomotoras de su Plan de Desarrollo. Es así como, durante una conferencia llevada a cabo en Canning House, Londres, el viernes 28 de enero de 2011, el Ministro de Hacienda colombiano Juan Carlos Echeverry, destacó el plan de Colombia de focalizarse en el incremento de la explotación de todos los recursos naturales del país; ejemplo de ello, la compañía AngloGold Ashanti, registrada en la Bolsa de Valores de Londres, que tiene un millón de hectáreas de tierra concesionada en 16 departamentos de Colombia .

Esta concesión masiva a compañías extractivas multinacionales de los derechos sobre la exploración y explotación de los recursos minero energéticos y agrícolas que posé el país, está ocurriendo en un momento en el que las tierras robadas no han sido restituidas a quienes les han sido despojadas violentamente. En consecuencia, las empresas comprometidas en estos negocios, están adquiriendo tierras robadas a estas comunidades y se están beneficiando de los efectos que produce el delito del desplazamiento forzado, con las consiguientes violaciones a los derechos humanos. Mientras tanto, las solicitudes de las comunidades sobre la restitución y restablecimiento de sus derechos y de su patrimonio, yacen en la oscuridad de los anaqueles judiciales o administrativos y en algunos casos, a pesar de que la tierra ha sido identificada para ser restituida, las comunidades desplazadas descubren que no tienen derechos plenos sobre la tierra, debido a que ha sido sembrada con palma aceitera, como es el caso de Cocomopoca  o vendida por testaferros a adquirentes de buena fe.

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Mesa Nacional de Garantías: Mesa Temática sobre la situación de defensores, defensoras, víctimas y organizaciones que reclaman sus derechos a la tierra, los territorios y la restitución.
COCOMOPOCA es una organización autónoma étnicoterritorial que representa a la población afrocolombiana en las municipalidades de Atrato, Bagadó, Cértegui y Lloró en la región de la costa Pacífica colombiana. Su territorio está ubicado en una región de importancia geoestratégica para el acceso a megaproyectos e inversiones continentales, minerales y potenciales recursos hidroeléctricos. Desde diciembre de 1999, las comunidades han estado buscando el reconocimiento de su derecho de propiedad colectiva amparado por la Ley 70 (sancionada en 1993). Cuando solicitaron su título a la propiedad colectiva de 172.000 hectáreas, su número ascendía a 30.000 habitantes. Hoy, casi diez años después, sólo quedan 17.000 personas; el resto ha sido desplazado forzosamente por grupos paramilitares y guerrilleros con intereses en la tierra, en la minería o en la obtención de rutas terrestres o fluviales para el transporte de coca.

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Ante esta grave e insostenible situación, en el derecho internacional de los derechos humanos, las víctimas de la violencia de origen político tienen derecho al conocimiento de la verdad sobre los hechos violentos sufridos, a la justicia, a la reparación y a la no repetición de dichos hechos, en donde la clave de este proceso es la restitución de la tierra, especialmente a las comunidades indígenas, afro-descendientes y campesinos que han habitado tierras ricas en biodiversidad, pero que dada su importancia estratégica para la dinámica del conflicto interno, el narcotráfico y los grandes negocios de la locomotora minero energética, desconocen las graves violaciones que se producen a sus derechos humanos y sociales fundamentales.

Ahora bien, mientras el gobierno habla de los avances significativos de la Ley de Víctimas, los asesinatos selectivos y sistemáticos de líderes vinculados a los procesos de restitución de sus propiedades aumentan y ocurren como un desafío de las bandas paramilitares a la política de choque anunciada por el gobierno, de restituir 2 millones de hectáreas en los próximos 4 años, de los 6.6 millones de hectáreas que les fueron arrebatadas a más de 600 mil familias, esto es 4.5 millones de desplazados desde el año de 1980 y hasta el 30 de junio del año 2010, sin que ello represente un verdadero obstáculo que vuelve nugatorios los propósitos de la ley.

Este desafío lanzado por las bandas criminales ha ocurrido en aquellas regiones del país en que se produjo el mayor despojo de la propiedad agraria de los campesinos desplazados, que contó y sigue contando con la complicidad de algunas autoridades, tanto civiles como militares. En la región de Urabá, por ejemplo, se calcula que un 10% del total de la tierra cultivada, unas 150 mil hectáreas según la Superintendencia de Notariado y Registro que lleva oficialmente los registros de la propiedad inmobiliaria en Colombia, fueron despojadas con la complicidad de jueces, notarios e integrantes de la fuerza pública.

Desde el asesinato en el 2005 de YOLANDA IZQUIERDO, dirigente campesina que lideraba la lucha de los campesinos de Córdoba despojados por Carlos Castaño y su familia, los asesinatos a líderes de población desplazada alcanza hoy la cifra de 68 víctimas, esto sin contar con las amenazas, hostigamientos y nuevos desplazamientos a comunidades que han sido restituidas o que han tomado la decisión de retornar a sus territorios por su propia cuenta, a pesar de los inminentes riesgos para su vida y su integridad personal, que no han merecido la atención y la adopción oportuna y eficaz de las medidas de protección de las víctimas, las que han resultado tardías o simplemente inocuas, en razón de lo cual, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en su informe de marzo de 2011 sobre Colombia, declaró “especialmente preocupantes han sido los asesinatos de líderes y lideresas, campesinos y desplazados que adelantaban procesos de restitución de tierras” .
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Informe de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos sobre la situación de los derechos humanos en Colombia, A/HRC/16/22, 3 de febrero de 2011.
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Asimismo, muchos líderes comunitarios y defensores de derechos humanos que acompañan a las víctimas en sus demandas relacionadas con la propiedad de la tierra, han sido objeto de una estigmatización sistemática, diseñada para deslegitimizar su trabajo y, en consecuencia, desensibilizar a la opinión pública sobre la trascendencia de los atentados y asesinatos cometidos contra estos líderes. La estigmatización ha sido llevada a cabo por funcionarios del gobierno, asesores presidenciales, el ex presidente Uribe y oficiales del ejército, como es el caso del Comandante de las Fuerzas Armadas, General Alejandro Navas, quien en marzo de 2011 declaró ante los medios de comunicación, que los pueblos indígenas eran parte de la guerra que la guerrilla perpetúa contra el ejército .

A pesar de que los grupos paramilitares fueron supuestamente desmovilizados bajo el gobierno anterior, continúan operando en connivencia con las fuerzas armadas y de seguridad del Estado, coadyuvando a la consolidación de los intereses de sectores económicos poderosos que se mueven tras la expropiación de la tierra y el desplazamiento. Muchos de los comandantes paramilitares de mediano rango no se comprometieron con el Proceso de Justicia y Paz, pero reformaron y lideraron grupos paramilitares con nuevos nombres como las “águilas negras”, “los rastrojos”, “nueva generación”, entre otros, que continúan desarrollando su accionar criminal asociado al tráfico de drogas, el control de territorio y el despojo de tierras y territorios, sin que haya una acción efectiva del Estado para combatirlas y someterlas al rigor de la justicia.

En la cartografía de la empresa criminal que desarrollan las denominadas “bacrim”, han resultado afectados casi todos los departamentos del país; sin embargo, es necesario plantear la grave situación que atraviesan departamentos como el Atlántico, Sucre, Cesar, Bolívar, Córdoba, Antioquia y Chocó, que según la Comisión de Seguimiento de la Política Pública frente al Desplazamiento Forzado, en estos dos últimos, se ha producido el despojo en la siguiente proporción: desde el año de 1980 y hasta el 30 de junio de 2010 había en esta región 117.171 familias desplazadas inscritas en el RUPD, las cuales habían sido despojadas de 1.652.261 hectáreas de tierra, que corresponde al 27% del total de la tierra arrebatada a las familias desplazadas en todo el país, lo que explica la virulencia de la confrontación en torno a las reclamaciones sobre la propiedad de la tierra.

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Ver: www.ejercito.mil.co/idcategoria=279193, “Los indígenas son manipulados por los grupos armados ilegales para su protección, que los toman como escudo para su protección, también son instrumentos de la guerra jurídica que los ponen contra la tropa. De igual manera el modus operandi de estos grupos es disparar desde las casas y utilizando niños”. Posteriormente, se indica más en la página web del ejército que los indígenas no son cómplices de la guerrilla, sino víctimas de la guerrilla. Sin embargo, la declaración expresa que él hizo, realmente acusa a los pueblos indígenas de ser instrumentos en una guerra legal contra las tropas.

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Entretanto, en la región constituida por los departamentos de Atlántico, Bolívar, Sucre y Córdoba que ocupan el cuarto lugar en el tamaño del despojo detrás de la región sur del país, han sido desplazadas en este mismo período 58.727 familias lo que representa el 13.5% del total de familias desplazadas en el país y les habían sido arrebatadas 749.968 hectáreas en estos mismos años. Haciendas como la de Las Pavas, Veracruz, El Nilo, San Francisco; los Montes de María; los Playones de Pivijay y María La Baja, entre tantas otras extensiones de tierra, han sido el escenario de la más abominable empresa criminal que se haya podido urdir contra quienes reclaman su derecho a la tierra.

No obstante la gravedad de los hechos que han prevalecido ante las demandas de exigibilidad y justiciabilidad del derecho a la propiedad y a la posesión de la tierra por sus legítimos propietarios, tras seis meses de implementación de la Ley de Víctimas, aún se desconoce el plan de acción para la ejecución de la misma, los criterios de accesibilidad, focalización y priorización de las victimas a reparar y sobre todo, la forma de su participación efectiva, de conformidad con los ordenamientos proferidos por la Corte Constitucional mediante el Auto 383 de 2009, que considera que la participación además de efectiva debe ser significativa, en orden a garantizar el acceso y el goce efectivo de los derechos de la población desplazada.

En este punto es pertinente reiterar que la Ley de Reparación a las Víctimas del conflicto colombiano, no compensa en lo más mínimo todo el daño causado por el despojo y, por el contrario, provoca indignidad, revictimiza a los desplazados y no permite superar los niveles de pobreza e indigencia en la que han sido colocados.

De ahí que con justipreciada razón, las organizaciones de víctimas del desplazamiento forzado en Colombia, exijan del gobierno nacional, la implementación de una verdadera y efectiva RESTITUCIÓN y REPARACIÓN, que les permita reconstruir su proyecto de vida, restablecer en el tejido moral y social de sus comunidades, más aún, en tratándose de comunidades cuya cosmovisión comporta una serie de valores y constructos psicosociales que hacen parte consustancial de la existencia misma, que al afectarse, se estaría vulnerando el derecho fundamental a la vida, a la integridad y a la seguridad como personas y como sujetos colectivos.

Así mismo, esta audiencia debe pronunciarse de forma contundente, en la exigencia de otorgamiento de las garantías de seguridad necesarias, para que las víctimas del desplazamiento forzado en Colombia que lideren los procesos organizativos y de movilización hacia la restitución de sus tierras, sus territorios y sus bienes patrimoniales, puedan ejercer sus derechos, en orden a impedir que la empresa criminal de los ejércitos “anti restitución”, cumplan con sus cometidos de silenciar las voces o apagar las vidas de quienes se atreven a reclamarlos y a ejercerlos.

Sobre este asunto de vital urgencia para la prevención del crimen contra las víctimas del desplazamiento forzado y la protección de quienes se encuentren amenazados, la Unidad Nacional de Protección que está bajo la jurisdicción del Ministerio del Interior, deberá actuar con la prontitud y eficacia que impone el alto riesgo a que están expuestas las personas que lideran la lucha por la restitución de tierras, aparte de que se debe revisar los estándares de valoración de riesgo, a fin de que las medidas que se adopten garanticen efectivamente la preservación de su vida, su integridad personal y el goce efectivo de sus derechos.

En relación con las investigaciones que adelanta la Fiscalía General de la Nación sobre los asesinatos selectivos y sistemáticos que se han presentado en los departamentos de Bolívar, Sucre, Cesar, Córdoba, Antioquia, Chocó, Cauca, Arauca, Meta, Santander, Tolima , Putumayo, y Nariño de luchadores sociales involucrados en los procesos de restitución de tierras, es preocupante la lentitud con que avanzan, razón por la cual, acompañamos la solicitud de creación de una Unidad Especial en la Fiscalía General de la Nación, e incluso, la creación de una Jurisdicción Especial que conozca de los crímenes perpetrados contra las víctimas de la violencia política en Colombia.

Una de las preguntas que el gobierno nacional debe responder de forma clara y precisa a esta Audiencia Pública, es si su locomotora Mineroenergética garantiza la ejecución real y efectiva del Programa de Reparación y Restitución de Tierras que ordena la Ley de Víctimas; porque de no ser así, las tierras que han sido despojadas a sangre y fuego o mediante engaños a los campesinos, indígenas y afrodescientes durante los últimos 40 años por quienes ostentan el poder político y económico, legal e ilegal, o que han sido entregadas mediante contratos leoninos de concesión a empresas transnacionales, para la exploración y/o explotación de los recursos naturales durante tiempos a veces inconmensurables, no podrían ser jamás restituidas a sus verdaderos dueños y poseedores ancestrales, dejando en la más absoluta impunidad su derecho a la realización de la verdad, la justicia, la reparación integral y el compromiso de no repetición.

Finalmente, la lucha que las organizaciones sociales de desplazados libran en el país, por su derecho a la Tierra, al Territorio y, sobre todo, por su derecho inalienable a la realización de un Proyecto de Vida Digna, está indisolublemente ligado a la lucha por LA SOLUCIÓN POLÍTICA NEGOCIADA DEL CONFLICTO ARMADO INTERNO QUE PONGA FIN A LA GUERRA y a los efectos devastadores sobre la vida y sobre la necesidad imperiosa de abrirle caminos a la construcción de la Paz, la realización de la Justicia y la profundización de la Democracia Política y Social.

Por estas sopesadas razones, acompañamos con el debido reconocimiento, la presencia de todas y todos ustedes en esta jornada de reflexión, de denuncia y fortalecimiento de la heroica lucha que han venido librando en Colombia, por el derecho a tener derechos, en un país donde la recuperación de su altura moral, requiere con urgencia, entre otros aspectos, de la superación de los disimiles “estados de cosas inconstitucionales” que resultan insoportables a la dignidad de la persona humana, como es el caso de los 4.5 millones de desplazados internos, resultado de la violencia social y política que prevalece en el país por ya casi medio siglo y a la que hay que ponerle fin y por ello, incansablemente seguiremos trabajando.

POR UNA VERDADERA RESTITUCIÓN DE TIERRAS Y DE BIENES DESPOJADOS A LAS Y LOS DESPLAZADOS DE COLOMBIA

¡¡¡VIVA LA CAMPAÑA NACIONAL E INTERNACIONAL “TIERRA, VIDA Y DIGNIDAD”!!!

Bogotá, D.C., 15 de julio de 2012

http://www.pacocol.org/index.php/noticias/435-intervencion-de-la-senadora-gloria-ines-ramirez-rios-sobre-restitucion-de-tierras 

Más de 7.000 campesinos se Movilizan por el departamento del Putumayo



"Hacemos el llamado a no  callar mas, a rechazar las políticas  y acciones  que generan terror, desolación, pobreza en nuestros campos, hambre y final mente el desplazamiento de las comunidades a las ciudades en donde reina el desempleo la inseguridad y la desigualdad social".

Por: Oficina Prensa Marcha Patriótica

Este 19 de Julio llegaran a Mocoa, donde se realizara el acto de apertura del Consejo Patriótico Departamental y de la Constituyente por la Paz.

Desde el pasado 14 de Julio, campesinos e indigenas de todo el departamento del Putumayo se desplazan en Marcha por la vida, el territorio, la soberanía y la dignidad hacia la ciudad de Mocoa, donde se hará el lanzamiento de la Constituyente por la Paz y el Consejo Patriótico Departamental.

En Marcha desde las 13 Cabeceras municipales y acompañados de cantos y bailes, se escucha el grito de la paz. En pancartas y carteles se lee: "la paz solo será posible cuando todos y todas luchemos por ella con responsabilidad, verdad y justicia social"
Esta Marcha que lleva como nombre "Herman Henry Diaz" en conmemoración del lider político de la Marcha Patriótica desaparecido el pasado mes de Abril, se realiza en un momento en que las políticas de extracción aplicadas por el gobierno nacional en el marco de las "Locomotoras Mineras" han generado amplios margenes de desigualdad, estigmatizacion y señalamiento a las comunidades. "el Putumayo esta siendo saqueado y militarizado, nos cansamos de ver el robo de nuestros recursos y de soportar estigmatizacion y  persecución estatal" dijo uno de los lideres de la marcha. Denuncian provocaciones y solicitan solidaridad y acompañamiento nacional e internacional.

Oficina Prensa Marcha Patriótica  2012-07-18